Historia mural

Publicado en Miércoles 6 febrero, 2013 | por Marcos Nucamendi

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¿De dónde proviene el nombre de América Latina?

Hacia los siglos XVIII y XIX, las antiguas colonias portuguesas, españolas, francesas y británicas de Nuestra América, se encontraban en medio de procesos emancipadores que iniciarían la reconfiguración del orden mundial hasta entonces conocido. Refiriéndonos específicamente a la región latinoamericana, empezaron a surgir ideas de unir a las recién creadas repúblicas bajo el estandarte bolivariano o mejor dicho, el de los Congresos Americanos.

En espera de proyecto político a esta región independiente le faltaba nombre y apellido (¡Estados Unidos de América ya había sido patentado!). América Latina, mencionan y aún sostienen algunos autores, fue propuesto por el francés Michel Chevalier, quien se apoyaba más en el romanticismo bonapartista que en los viajes que realizó al continente. Mencionaba que América del Sur era como la Europa meridional, con influencias católicas y latinas, mientras América del Norte era protestante y anglosajona; de esta manera, justificaba el marcado interés de Francia por “salvar” al “imperio latino” extendido hasta el Pacífico.

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Contrario a la supuesta imposición y extranjería del término, América Latina nace en el imaginario colectivo no por obra de Chevalier, sino tras sucederse la invasión estadounidense de Nicaragua en 1856, en forma de reivindicación identitaria y manifiesto político.

Así pues, el 22 de junio de ese año, desde París, el chileno Francisco Bilbao otorgó a la América al sur del Río Bravo el calificativo de latina, dándole a la otra América, la de los Estados Desunidos, una definición más que lingüística, cultural y política, distanciándose de la América sajona que el colombiano José María Torres Caicedo juzgaría como “enemiga mortal”, tres meses más tarde.

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Otros nombres existieron y persisten hasta ahora para referirse a este rincón del mundo. Colombia sería desechada por los intelectuales de la época, pero sobre todo por las élites gobernantes. En tanto, Hispanoamérica e Iberoamérica tendrían que toparse con el rechazo al término que tantos escritores y políticos quieren recuperar, ya que aceptar simbólicamente la presencia de la antigua metrópoli en el lenguaje de las nuevas repúblicas independientes, era y sigue siendo inaceptable. Si Heidegger tiene razón, el lenguaje es la casa del ser, por lo que no se puede ser latinoamericano en casa del imperialista.

No es intención definir a la América Latina bajo la lupa meramente etimológica o lingüística, suponiendo que se concedió el nombre a una región plurinacional, plurirracial, plurilingüe, pluriétnica y pluricreyente, en plena y única referencia a un pasado de conquista romana sobre las que más tarde serían potencias coloniales.

alAmérica Latina debe entonces definirse en términos de identidad, sabiendo que el concepto fue promocionado por los mismos proto latinoamericanos que desde el exilio o en propia tierra, cual árboles, se colocaban en fila para que no pasase El gigante de las siete leguas (José Martí).

La idea de latinoamericanidad estaba encaminada a caracterizar a una región continental que, en aquel momento, necesitaba enfocar sus intereses comunes.

Estos intereses o preferencias, que si bien han cambiado con el tiempo, propiciaron que hoy día, desde las cúpulas hasta las clases menos favorecidas por el sistema, se siga utilizando un término que si bien los agrupa, reconoce sus más amplias y bellas diferencias.

En América Latina se han dado cita todos los colores del arcoíris andino, todas las culturas e ideologías (zurdas y diestras), próceres y procesados, dependencias e independencias, calendarios y geografías, revoluciones y contrarrevoluciones, desarrollo y subdesarrollo.

 

Latinoamérica – Calle 13

 

¡Y que viva América Latina, un pueblo sin piernas pero que camina!

Marcos Nucamendi (@_nucamendi)

Imagen de portada: Presencia de América Latina, Jorge González Camarena.

 

 
 

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Acerca del Autor

Licenciado en Relaciones Internacionales y periodista por profesión, soy un cinéfilo irremediable, amante de las letras y el buen café. Nací en Chiapas, pero mis brazos se extienden por toda la América Latina, en cualquier rinconcito que me deje echar el baile y comprobar que en efecto, ¡el Sur también existe!



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